"Están siempre juntos, ella es su sombra”, asegura María Laura Michelena sobre la conmovedora relación entre su hijo Felipe, no vidente, y su perra guía, Nala.

El can es el primer lazarillo en América latina que acompaña a un niño. Y lo cierto es que el contacto entre ellos es absolutamente enriquecedor para este chico de 12 años, de Castelar, que se supera días a día.

Incluso, se dedica a entrenar a Nala para mejorar la comunicación y el entendimiento entre ellos. En su impulso incansable por mejorar la calidad de vida de su hijo Felipe, Laura no cesaba la búsqueda de toda información relacionada con la discapacidad, así fue cómo tomó conocimiento de la Escuela de Perros Guía Leones de Quilmes, una entidad que entregaba perros guía para personas no videntes.

“Les escribí en febrero de 2015 y les conté la historia de Felipe sabiendo que él no podría acceder a un perrito por su edad, pero buscando al menos que pudiera tener contacto con ellos”, explica María Laura.

A los pocos días, le respondieron que “estaba el proyecto de incluir a los niños en la distribución de lazarillos, por eso me pidieron que les envíe un video de ‘Feli’”, recuerda.

Finalmente aprobaron la solicitud, por lo tanto, acompañado de sus padres, Laura y Marcelo, el niño de Castelar concurrió a clases de orientación y concientización, que le permitieron estar preparado cuando conoció a Nala, en noviembre del mismo año.

Al principio, un instructor los acompañaba y le enseñaba a Felipe cómo alimentar a Nala y las formas de comunicarse con ella. “Felipe entendió la importancia de su compañía cuando una mañana vino a mi habitación a las 6 y me avisó que se había levantado para darle de comer y jugar con ella”, contó Laura.

Felipe, al mismo tiempo, adquirió mayor tranquilidad y seguridad en sí mismo. Felipe quiere ser mecánico cuando sea grande. “Me dice que va a tener su taller, lo abrirá temprano cada mañana y Nala va a ser su ayudante”, concluye María Laura.

FUENTE: Crónica